Dios es generoso y, por ello, nos llama a serlo también nosotros. Lo que hacemos con lo que Dios nos ha dado muestra al mundo dónde se encuentra nuestro corazón y ayuda a proclamar el Evangelio. Deseamos glorificar a Dios con cada área de nuestras vidas, y eso incluye lo que hacemos con nuestras finanzas.